La verdad sobre la ecotasa.
Martín Andrés García Marí
Diario de Ibiza \ Miércoles 21 de junio de 2000
Hay cuestiones que no son simples elecciones de unas ciertas personas en un determinado momento histórico. Más bien en muchos casos son un sino –cuando no una imposición- de la historia o de una determinada situación socio-económica.
Algo así es lo que sucede con la ecotasa. Desde un cierto punto de vista se puede ver como una lucha de poder entre la clase política y el empresariado. Y si nos referimos a clase política es porque desde mediados de los ochenta los sucesivos gobiernos del PP han estado proyectando algo parecido a la ecotasa. Podría así parecer como si todos los políticos sólo buscasen aumentar la cantidad de recursos que gestionan. Por el otro lado sólo oímos a los empresarios decir que afectará negativamente a nuestra competitividad -palabra odiosa donde las haya-, mientras que los políticos nos dicen justamente lo contrario, que la mejorará. Algunos empresarios -los más juiciosos- afirman que todos los recursos necesarios deberían salir de los presupuestos públicos. Este artículo mostrará en donde reside la dificultad en realizar eso.
Pero tratemos de dar un paso más y ver por encima de lo que estos dos colectivos nos muestran. Intentemos buscar lo que nos pueda interesar como sociedad. Desde el momento en que somos la comunidad más rica de España estaba cantado que el día en que llegásemos a un nivel de renta parecido al de los países emisores del turismo que nos llega, necesitaríamos aumentar nuestro gasto público de alguna forma. Y formas sólo hay dos: o pagamos nosotros más impuestos o los pagan los turistas. Así que nada mejor que envolverles la píldora en un envoltorio tan bonito como el de “eco”. Y por qué estaba tan cantado. En economía hay una relación entre tres variables que si no ‘se cumple en un cien por cien sí que se cumple en un alto grado: los niveles de renta, precios y dotación de bienes públicos suelen mantener una estrecha relación. Cualquiera puede ver que en países más ricos los precios son más altos, y que a su vez cuentan con una mayor y mejor dotación de bienes públicos. Esto último es así sencillamente porque cuanto más ricos somos no sólo queremos más y mejores coches, casas o electrodomésticos, sino que también exigimos mejores escuelas, mejores hospitales, mejores infraestructuras o un mejor servicio de recogida de basura
Sin embargo, en Baleares esta relación no se cumple. La dotación de bienes públicos se encuentra a un nivel más bajo que el que correspondería a nuestra renta y sobre todo a nuestros precios. El nivel de bienes públicos que se encuentra el turista al llegar a estas islas está por debajo del nivel de precios que le toca pagar. Sencillamente porque una cosa es Baleares y otra es España. Baleares es la región más rica de España y por tanto se producen una serie de transferencias de nuestra renta hacia el resto de España, que no regresan en forma de bienes públicos en la misma cuantía.
Ello mientras Baleares era menos rica que la media europea no tenía tanta importancia. Si bien ahora que tenemos una riqueza y por tanto unos precios parecidos a los países emisores de nuestro turismo, la situación cambia. Nuestros visitantes al encontrarse con unos nivel parecidos a los de su países, van a exigir que la dotación de bienes públicos sea la que corresponde a esos precios. La cantidad de bienes públicos que es o debería de ser la misma para toda España, mientras que nuestra renta es mucho más alta. Esto con el agravante de de nuestra región es mucho más sensible que la de otras a la inversión pública que se realice. En Valencia, por ejemplo, que viven básicamente de la exportación, una situación parecida no les afectaría tanto. Pero para nosotros el estado en que el turista encuentre las infraestructuras, las zonas turísticas o el patrimonio cultural es básico.
Posiblemente a muchos nos parezca más caro 200 pesetas por un café en Atenas que 400 en París. En Francia lo cuidado que está todo “lo público” llega a ser exagerado. Si en Francia el sector público gestiona más del 50% del PIB, en Alemania lo hace en un 50% y en el Reino Unido en algo menos, en España no se llega al 45%, pero es que en las Baleares no se llega ni a ese 45%.
Y para que todo lo explicado en este artículo no sea más que tinta, tenemos recientemente en nuestra isla un ejemplo que valida perfectamente el punto de vista que defiende este artículo: una reciente iniciativa encaminada a embellecer con palmeras importantes zonas de transito turístico ha tenido que ser tomada desde el sector privado.

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