Sant Antoni 2001: más que una odisea una pesadilla.
Martín Andrés García Marí
Diario de Ibiza \ Viernes, 14 de septiembre de 2001
Fiel al indeleble devenir de las estaciones el verano llegó otra vez. Y con él además del calor, los turistas, los atascos…, algo que ya es demasiado típico: denuncias en la prensa pitiusa que bajo diversas formas -artículos, cartas al director, opinión, reportajes- siguen dejando patente la situación del municipio de Sant Antoni.
Desde 1987 -año en que tomó posesión del cargo de alcalde el actual individuo que todavía lo ocupa- Sant Antoni ha pasado de ser el pueblo más rico de Ibiza y uno de los más ricos de España, de ser el sueño y el espejo en el que todos los centros turísticos del Mediterráneo se miraban, a ser la pesadilla con la que cada día nos levantamos todos los ciudadanos de Sant Antoni. Triste record. El actual alcalde no solo es el peor que Sant Antoni nunca ha tenido, sino que con toda seguridad será el peor que Sant Antoni nunca tendrá. Difícil será hacerlo peor: Antonio Mari Tur ha puesto el listón muy alto.
No obstante habría que dejar claro que no existe un culpable directo de la situación actual de S.A Ni tan siquiera a los que siempre se les culpa: los empresarios del West. Ellos sólo se han ido adaptando a una situación que cada día les era más favorable. La situación de S.A sólo se entenderá si se ve como lo que realmente ha sido: un largo proceso en el que nadie nunca ha decidido nada, sino que todo ha ido viniendo sin que nadie hiciese nunca nada. Culpable directo tan sólo tal vez haya uno: la falta de cohesión social de la ciudadanía de Sant Antoni.
Si es cierto que no se puede encontrar un culpable directo no lo es menos que si que existe un culpable indirecto, y ese no es otro que el individuo que ocupa el sillón de la alcaldía. Indirecto en tanto que no ha emprendido nunca ninguna actuación seria encaminada a cambiar esta situación en la que nos encontramos.
Realmente este simulacro de político que es Antonio Mari Tur resulta ser un personaje increíble. Dificil se haría encontrar otro alcalde en cualquier rincón de España tan pasota y despreocupado: le importa un pito Sant Antoni y sus ciudadanos. Si alguna vez el clamor popular es tal que le obliga a actuar saldrá con alguna ridiculidez esperpéntica del tipo de prohibir que más de 29 personas vayan juntas por la calle. Este es el “modus operandi” de ese que habita la alcaldía de nuestro pueblo: salir con alguna idea de bombero para que parezca que hace algo. Su última salida ya es demasiado, pide la ayuda de todo el pueblo: vamos, que le hagamos todos el trabajo que él no sabe hacer. Cuando la situación le supera a uno, sólo hay una salida digna: la dimisión. Claro que dignidad…
Una persona así -al que la democracia siempre le queda unas cuantas tallas grande- cree estar resguardado por el hecho de haber ganado las elecciones. La democracia no es un tamboril detrás del que justificarse, sino que ser demócrata significa entender día a día cual es el sentir de la gente y saber actuar a conciencia.
Quiere alguien saber en qué quedara todo el movimiento ciudadano actual de Sant Antoni: en nada. Dictará alguna ridícula norma para salir del paso -que no se cumplirá- y el paso del verano calmará la situación. Al final de todo, aún nos podemos sentir afortunados: incomprensiblemente todavía no ha ocurrido ninguna desgracia personal que afecte a alguien del pueblo.
A muchas personas de Sant Antoni -sean de derechas o de izquierdas, porque la magnitud del problema ya escapa a esas divisiones- nos resulta cada día más difícil levantarnos cada mañana en nuestro pueblo. Pero no podemos entender como Juan Mari Tur es capaz de levantarse cada mañana e ir con la cabeza alta por la vida.
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